Ir al primer capítulo de esta serie
Pasó mucho tiempo, creo que unos meses en donde surgieron unos problemas que desencadenarían en otra de nuestras historias. Si bien, hubo momentos muy calientes y sexuales con Sol, debo confesarles que por momentos hemos vivido muchos dramas familiares.
La madre de Sol sufrió una crisis
depresiva. Se sumaron varios factores: en primer lugar, una pérdida familiar
importante, en segundo lugar, el hermano de Sol se fue a vivir con la novia
generando una especie de síndrome del nido vacío y, por último, una amiga de
toda la vida que se fue a vivir a Europa.
Todas estas cosas hicieron que la
madre de ella entrara en un estado depresivo, dejando al padre de Sol, Horacio,
a cargo no solo del negocio sino también de muchas tareas administrativas y
cotidianas que solía hacer Liliana, la madre de Sol.
Hicieron de todo para intentar
levantarla, la acompañaron siempre, pero nada parecía resultar: terapia,
viajes, medicación, salidas, etc.
Sol se fue haciendo cargo una a
una de las tareas de las en las que solía ocuparse su madre.
Fueron meses de mucho desgaste
físico y emocional para Sol y para su padre. Era verlos y quedarme admirado de
las cosas que hacía mi mujer. Por la mañana, estaba con el padre en el negocio.
Al mediodía, con la madre cuidándola y acompañándola. A la tarde vuelta al
negocio y por la noche llegaba a casa exhausta.
Quizás fue por eso por lo que el
sexo se espació más de lo que me gustaba, pero supe entender que todo pasaría
en algún momento.
Un día Horacio, el padre de sol,
necesitaba hacer unos trámites para el comercio en la provincia de Mendoza.
Fue entonces cuando Sol, que
estaba muy cansada de tantos días de sostener el negocio, a su madre y a su
padre, me preguntó si no tenía problema en que acompañe a su padre el jueves a
Mendoza, que el viernes ya estaría de vuelta.
Se me ocurrió decirle a Sol que
se vayan a las termas de Cacheuta con el padre y aprovechen para relajarse un
poco hasta el domingo. Serían solo dos días más, pero podría ayudarlos mucho a
los dos.
Costó mucho convencer a Sol, pero
lo logré, hasta el punto de que llegados unos días la vi hasta ilusionada con
el viaje.
Convencer al padre y luego al
hermano de que se quede cuidando el negocio y la madre no fue tarea sencilla,
pero terminamos lográndolo.
Llegó el día. Viajaron a Mendoza,
hicieron los trámites con los proveedores mendocinos y el viernes a la tarde ya
estaban en Cacheuta y sus termas.
El lugar era paradisíaco, hermoso.
Muchas piletas con diferentes alturas y temperaturas. Cascadas por todos lados,
sumado a un clima y un paisaje hermoso.
Sol se había llevado un bikini
negro que hacía un contraste hermoso con su blanco cuerpo. Horacio, por su
parte, se conservaba muy bien a sus 53 años y llevó un short multicolor que
había comprado en las últimas vacaciones con su mujer, cuando ésta aún se
sentía animada.
Estaban en una de las piletas de
agua termal, sentados en un escalón. El agua tibia, el sol y el paisaje eran
los perfectos compañeros para la tarde que estaban viviendo. Mirando el
horizonte se dio el siguiente diálogo:
-
Solcito, gracias por todo lo que haces por mí –
su padre se veía muy emocionado. No era normal en él.
-
Pá, no tenés que agradecerme nada, haría
cualquier cosa por vos, lo sabes – respondió sol con una sonrisa.
-
Lo sé, pero estás haciendo mil cosas, ocupando
el lugar de tu mamá y no te olvides que tenés un marido al que no debes
descuidar.
-
Quedate tranquilo que con Gonza está todo bien,
de hecho, fue él el que me sugirió venir unos días acá a las termas con vos,
para que nos relajemos
-
Mirá que bien mi yernito, y yo que no lo quería
al principio.
-
Gonza es muy bueno, muy generoso, me cuida y me
sostiene siempre.
-
Bueno, no quiero que por tener que atender a tu
mamá, al negocio y a mí tengas problemas con tu pareja
-
Tranquilo, pá. Mi pareja está bien en todo
sentido
-
Es lindo escuchar que una pareja está bien.
A Horacio se
le ensombreció el rostro y la tristeza pareció invadirlo. Una mueca de llanto
le tomó el semblante y tomándose la cara con ambas manos empezó a sollozar.
Sol salió
apenas del agua para tirarse a abrazar a su padre que ahora lloraba como un
niño. Ella, sin poder evitarlo, apoyó sus turgentes pechos sobre el brazo de Horacio.
-
Perdón, mi amor – le decía su padre entre
lágrimas
-
No me tenés que pedir perdón, pá, tranquilo,
desahógate
-
Gracias, mi amor – le decía Horacio mientras la
abrazaba fuerte
-
Te quiero, pá – le decía Sol
Ahora Sol
empezó a besar la cara de su padre con besos cortitos mientras no dejaba de
abrazarlo.
-
Siempre fuiste mi preferida, lo sabes – Horacio
abraza a Sol más fuerte
Horacio siente
los pechos de su hija y lo recorre una correntada. Ahora Sol continúa con los
besos en la cara del padre, las mejillas, la nariz, la frente, la comisura de
los labios, vuelve a la mejilla, vuelve a la nariz y lo besa corto en la boca.
Se miran,
parecen no entender lo que está pasando. Sol se retira confundida, Horacio hace
lo mismo. Ambos se sonrojan. Es Horacio quien rompe el hielo con un comentario
risueño:
-
No hace falta que ocupes el lugar de tu madre en
esto, jajaja
-
Jajaja, sos tremendo, pá
-
Vos sos lo mejor que me pasó – dijo él y
volvieron a abrazarse
Esa noche
cenaron en el hotel. Tomaron un Malbec mendocino de alta gama y disfrutaron de
una carne muy sabrosa.
Una encargada
de labios gruesos y rojos trae la comanda para que Horacio la firme “¿cómo la
pasaron?”, pregunta la chica con una sonrisa por demás seductora. Una corriente
de celos atraviesa a Sol que, sin dudar, toma la mano de su padre y le sonríe a
la chica “espectacular, estaba todo bárbaro, ahora nos vamos a dormir”
Sol y Horacio
dormían en la misma habitación, en una cama matrimonial que podía separarse,
pero que ellos optaron por dejarla así.
Horacio entra
al baño y Sol le grita desde la habitación.
-
Pá, tengo una idea
-
¿Que?
-
¿Queres ir a la pileta del spa? Está abierta
hasta las 12 de la noche
-
¿Te parece?
-
Claro, pá, disfrutemos
-
Dale, vamos – dijo él
Cuando salió
no se esperaba encontrar a Sol en ropa interior. La imagen lo golpeó como una
puerta cerrándose. Sol lo notó y le dijo
-
Me pongo la malla y vamos – mientras se metía en
el baño
-
Pongámonos las batas para ir
Se pusieron
unas batas blancas de toalla y se fueron a la pileta.
Cuando
llegaron supieron que dispondrían de las instalaciones solo para ellos. Se
quitaron las batas y se metieron en la caliente piscina climatizada.
Ni bien se
metieron, entró una pareja de unos 30 años y comenzaron a nadar. Horacio se
sentó en uno de los escalones y Sol se sentó atrás de él, un escalón más
arriba, con las piernas abiertas a ambos lados de la cintura de su padre.
Sol lo besó en
la mejilla y comenzó a masajearlo. Horacio tiró la cabeza para atrás con los
ojos cerrados. Sol lo besó en la frente.
-
Relajate, pá, disfrutá
-
Gracias, mi amor – le decía su padre mientras se
relajaba totalmente.
La otra pareja
que estaba en el agua comenzó a besarse descaradamente. Al estar sumergidos por
completo, no podía verse lo que estaba sucediendo debajo del agua, pero no era
muy difícil de imaginar.
Sol seguía con
los masajes a su padre. Ahora le apoyó con descaro los pechos en la espalda
mientras le masajeaba los brazos y los pectorales.
-
Aghhhh que bien se siente, Solcito
-
¿Te gusta, pá?
-
Si, mucho
-
Entonces relajate y disfrutá.
-
Si, mi amor, lo estoy disfrutando
Sol miró en
dirección a su padre y vio que los ojos de él no se apartaban de la parejita
que se besaba con descaro total.
-
Que bien la pasan algunos… - dijo Sol
-
Si, es verdad – Horacio no se animó a seguir
hablando
Sol se fue
para abajo y le pidió a su padre que se siente un escalón arriba donde estaba
ella e intercambien los lugares
-
Estaba muy bueno – dijo él ya que pensaba que se
habían terminado los masajes
-
Yo todavía no terminé – dijo Sol
Ahora la
pelirroja mujer se recostó sobre su padre y sintió una dureza en la espalda. ¿Podría
ser que su padre estuviera erecto? Era obvio, muchos días y quizás meses sin
sexo, una parejita que se besaba, el vino, mis masajes…
Sin dudarlo,
Sol levantó los codos y sus manos comenzaron a acariciar los muslos de su padre
por debajo del agua haciéndole unos fuertes masajes.
Las manos de
él comenzaron a masajear el cuello de su hija. Sol se excitó y aunque no sabía cómo
seguir, no dejó de masajear fuertemente las piernas de su padre, llegando
incluso a meter las manos debajo de su short.
Ahora la
pareja se giró a mirarlos a ellos y sonrieron ambos. Volvieron a besarse y
siguieron con lo suyo. Algo muy caliente sucedía debajo de agua.
-
¿Qué pasará debajo del agua? – le dijo Horacio a
su hija
-
Lo que pasa debajo del agua queda debajo del
agua – dijo Sol
Ella movió la
espalda y se frotó contra el duro bulto de su padre. Su padre le seguía
haciendo masajes en los hombros. Sabía que no estaba bien que su hija sintiera
su dureza, pero tras tantos meses sin nada, se sentía exultante de rozar una
carne femenina, aunque sea la de su hija.
-
Sol ¿queres que salgamos?
-
No, pá, no quiero salir, quiero que te relajes
-
Es que…
-
Shhhh, vos relájate
Sol no sabe cómo
se atrevió, lo cierto es que paso una mano por detrás de su cuerpo y palpó el
duro bulto de su padre con la mano.
-
Aghhhh Sol… hija… no…
-
Shhhhh – lo cayó ella
-
Es que…
-
Se lo que necesitas, papá
-
Pero…
-
Relajate y dejate llevar, Haceme caso
Ahora Sol
agarró fuerte el bulto de su padre y comenzó una lenta paja por encima del
short.
-
Aghhhh – susurró el padre
El tema es que
lo hizo tan fuerte que la parejita se giró a mirarlo. Por suerte, fue solo un
segundo y siguieron con lo suyo. Sol y Horacio, también
-
¿Te gusta, pá?
-
Si, mi amor, me gusta mucho, pero…
-
Shhhh – lo volvió a callar su hija
Ahora la mano
de Sol se metió por debajo del suspensor del short y agarró por completo la
pija de su padre
-
Sol no…
Ahora la otra
mano de Sol (que ya había girado su cuerpo) se posó con el dedo índice
extendido sobre los labios de su papá
-
Shhhh disfrutá, necesitás relajarte
-
Es que…
Ahora, lo que
sol le estaba haciendo a su padre era una paja total. Subía y bajaba
lentamente. La calidez del agua ayudaba a que la sensación fuera aún más
placentera. Ese hombre que tanto la había cuidado y querido se merecía lo mejor
de ella. Y lo mejor que ella sabía dar, era placer.
-
Disfrutá papá, disfrutá.
La otra pareja
ya había terminado, o no. Lo cierto es que subieron por la escalerita y se
fueron. La carpa del chico no pasó desapercibida para ninguno de los dos.
Ahora quedaban
solos los dos en la piscina. Nadie los veía.
Sol se giró y
miró a su padre a los ojos con una sonrisa tiesa. Él le devolvió la mirada como
implorándole algo.
-
Me gusta relajarte, pá
-
Lo estás haciendo muy bien
-
Estamos solos – le dijo ella – bajate el short y
sentate
-
¿Te parece?
En un rápido
movimiento se bajó el short con la ayuda de ella.
-
Si, así sale todo lo que tenga que salir y no
queda en el short.
Su hija le
estaba dando permiso para eyacular. El placer que sentía con la lenta paja que
le hacía su hija no tenía comparación con nada. Era estar en el paraíso. No
aguantó más y se vino mientras la miraba a su hija sin poder creerlo.
Sol lo miró a
los ojos y le sostuvo la mirada mientras sentía como palpitaba el pene de su
padre en su mano. Bajó la mirada y vio la cabeza roja expulsando un chorro
blanco en el agua y soltó una risita.
-
Mirá como sale – le dijo divertida
-
Siiii, aghhhh
Sol seguía
pajeándolo y fue él quien tomó la mano de ella para detenerla y decirle.
-
Ya está, gracias.
-
Te lo merecías, papá.
-
Gracias, hija, sos la mejor, no me esperaba esto
-
Vamos a dormir, pá.
Continuará…
Pueden
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