Año nuevo en Madrid (7)
Pasaron unos días desde aquel
encuentro tan cachondo entre Manolo, Marta y Dani.
Dentro de la casa Marta y Daniel
seguían comportándose como hermanos. Tan así que sus padres nunca sospecharon
nada.
La que sí notaba algo diferente
era Marta. Cada vez que estaban solos o que sus padres no lo veían, Dani
paseaba su mirada por el cuerpo de su hermana.
Marta sentía una mezcla de
incomodidad y excitación.
La primera situación se dio una
tarde en donde hubo un accidente en la puerta del edificio donde vivían los
hermanos.
Padre, madre y ellos corrieron a
mirar por la ventana. Como solo la habitación de Marta daba a la calle, Dani se
puso detrás de ella mirando el accidente.
Tanta cercanía con su hermana hizo
que la polla de Dani comenzara a crecer de manera continua.
Marta la sintió sobre su cadera,
pero no se movió.
En la calle, allá abajo, había una
persona tirada, pero se percibían movimientos, de modo que no había muerto.
-
¿Vendría distraído, ¿no?
-
A que el gilipollas venía mirando el móvil…
Ahora Marta bajó la mano y dejó
que el dorso sienta la dureza de su hermano.
Estaban en una situación muy
tensa. Ambos allí, pegados el uno al otro. Sus padres asomados por la otra
ventana. Se oían los comentarios de ellos desde allí.
Marta movió ahora un poco la mano
y confirmó que su hermano estaba empalmado como un caballo y que su polla, tal
como la recordaba, era enorme. Se sintió completamente excitada. Al punto de
que su mano ya no respondía a su cabeza, sino que respondía a sus deseos.
Dani desde atrás solo respiraba y
gritaba mientras comentaba el accidente para comprobar seguir escuchando a sus
padres lejos de allí.
La mano de Marta ya se movía de
manera totalmente descarada.
-
Está vivo – gritó el padre desde su lugar
Marta sin siquiera pensarlo, metió
ahora la mano dentro del pantalón y calzón de Dani y la agarró con firmeza. Era
enorme y dura.
Daniel se quedó paralizado y
seguía mirando el accidente mientras soltaba un gemido apenas audible.
-
Yo también creo que está vivo – susurró Marta mientras comenzaba a mover
la mano haciéndole una paja a su hermano
-
Aghhmmmm siii, yo también lo creo.
En la calle se empezaba a agrupar
gente, pero la cabeza de Marta y Dani estaba por otros lados.
Marta seguía con la lenta paja y
no pronunciaba palabra. Dani tampoco se animaba a hablar.
-
Aghmmmmm
Dani se pegó aún más a su hermana
y acercó su boca al oído de ella.
Marta, por su parte, se sentía
totalmente excitada, su coño era un lago, el deseo y el morbo del incesto
parecía apoderarse totalmente de ella.
Daniel respiraba cada vez más
fuerte en el oído de su hermana.
A ella, le gustaba oírlo tan cerca
y tan cachondo. Sentir el calor de su aliento la desesperaba al punto tal de no
importarle la cercanía de sus padres, ni que la puerta estuviera abierta.
Por fortuna los comentarios de los
padres seguían llegando desde lejos.
Se escuchó una sirena de ambulancia
a lo lejos.
Marta aceleraba lentamente el
ritmo, sabía que no quedaba mucho tiempo. En ningún momento se le cruzó la idea
de que lo que produciría esa corrida, solo quería que llegara de un momento a
otro y ser ella la que la causaba la excitaba más y más.
Dani se acercó al oído y soltó
-
Estoy llegando…
-
Mmmmm Siiiii
Marta siguió con la paja y al
segundo su mano, su muñeca y la manga de su prenda empezaban a mojarse con ese
líquido caliente y espeso que era el semen de su hermano.
-
Aghhhhhhmmmmm
Marta seguía y seguía mientras
utilizaba la propia corrida de su hermano como lubricante.
-
Dios, Marta, que placer me estas dando, tía…
-
Shhhhhhh
Marta terminó y fue sacando la
mano totalmente mojada y pringosa de dentro de las prendas interiores también húmedas
de su hermano.
-
Me ha gustado demasiado
-
Ya lo he notado, chaval.
-
Gracias
-
Ahora agarra unos kleenex de allí y vete a tu cuarto – le ordenó ella
-
Siiii, gracias de nuevo, Marta, ha estado brutal…
Cuando su hermano se fue, cerró la
puerta de su cuarto y mientras buscaba unos kleenex sintió el instinto de oler
el semen de su hermano. Era un olor acre, fuerte y penetrante que lejos de
disgustarle la excitaba aún más.
Sin dudar, sacó la lengua y lamió
su propia mano. Después chupó cada parte de su mano para dejarla completamente
limpia y recién allí, en ese momento, se dio cuenta de que su otra mano se
encontraba dentro de su chocho agitándose sin parar.
Creo que no demoró ni 20 segundos más
en llegar al orgasmo. Se tuvo que apoyar en la pared para no caerse. Por
suerte, la mano con la que se había apoyado en la pared estaba completamente
limpia.
-
Aggmmmmmmmm, mmmmmm
En completo silencio llegó a un
orgasmo arrollador, vibrando por demás mientras seguía sintiendo en su boca el
sabor del semen de su propio hermano.
Se declaró a sí misma una
perversa, una ninfómana, una hembra cachonda, pero no pudo evitar sonreír
mientras se dejaba caer con la espalda apoyada en la pared de su habitación de
Madrid.
Continuará…
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