Médico a domicilio (2)

 


Medico a domicilio (2)


La situación era por demás excitante. Elena sentada en la silla, sin corpiño debajo de la remera, con los pezones erectos. El médico auscultándola y mirándola a los ojos. Rubén, el marido de Elena, mirando toda la situación, completamente excitado como hacía mucho tiempo no lo estaba.

Rubén sabía claramente que quería seguir. Elena estaba excitadísima y él podía notarlo. El médico no los conocía y no sabía si era un juego inocente o realmente era una pareja liberal.

Elena y Rubén se enfrentaban ahora a la situación de cómo seguir. Ella fue la que se decidió por avanzar un paso más y le dijo al doctor si no necesita auscultarla por debajo de la remera.

El médico, tratando de no abandonar su tono profesional dijo: creo que va a ser lo mejor. Tomó firmemente el estetoscopio y antes de meterlo por debajo de la remera de Elena miró al marido. Rubén asintió con la cabeza al tiempo que se acomodaba la erección. Fue tan elocuente con su movimiento que al joven médico no le quedaron dudas. Metió la mano por debajo de la remera y fue directo al pecho rodeando el pezón en cortos movimientos.

Me late muy fuerte el corazón, decía ella. Lo siento, se escucha bien ahora, decía el médico. A mí también, decía ahora Rubén.

Siga doctor, por favor ¿hay algo malo? El médico se sonrió por debajo del barbijo y dijo, no siento nada malo, al contrario, pero quiero quedarme tranquilo haciendo un tacto.

Aghhhhmmmm siiii, se le escapó a Rubén. ¿Están de acuerdo? Quiso confirmar el galeno. Si, por favor siga, decía Elena ahora.

El médico metió la mano por debajo de la remera y comenzó a acariciar el pecho desnudo de Elena. Ella miró a su marido y éste asintió con la cabeza. Elena ahora apoyó su mano encima de la del médico y acompañó su movimiento sin dejar de mirar a su marido, que observaba todo con total fascinación.

¿Me saco la remera? preguntó ella, pero ¿a quién le preguntaba? ¿A su marido? ¿Al médico?

Creo que va a ser lo mejor, dijo el médico. Elena tomó sin dudar la remera por debajo y se la sacó por la cabeza. Sus pechos rebotaron, blancos, hermosos. Sus rosados pezones aparecieron a la vista de los dos hombres.

Puede seguir, doctor, le dijo Rubén al galeno que no dudó en volver a amasar los pechos de Elena

Ahora entraban en un juego que era tan divertido como excitante. Seguían sin tutearse, refiriéndose al médico con términos clínicos, profesionales.

¿Cómo la ve, doctor? Le preguntaba Rubén que se daba cuenta que el juego este le estaba gustando mucho.

La veo muy bien.

Revise bien las dos, lo alentaba ahora Elena mientras le sonreía a su marido que le devolvía la sonrisa con total complicidad.

El médico ahora amasaba los dos pechos y acercaba su cara a las tetas de Elena. Ella estiró una mano y le sacó el barbijo por la oreja izquierda. Se vio la cara de un joven de unos 35 años, blanco, de ojos marrones y labios carnosos.

El joven doctor ahora acercó su boca al pezón erguido de Elena y lo metió en su boca. Aghmmmmm gimió ella y le hizo un gesto a su marido para que se acerque un poco más.

Elena estiró la mano y tanteó el paquete de su marido. No recordaba sentirlo tan duro en su vida. Seguramente sí en sus primeros años, pero no era valorable en ese entonces. Ahora sí.

¡Uyyy, que duro estas! ¿Te gusta mirar? Dijo ella. Mucho, respondió él sin dudar.

Elena tiró del elástico de su marido invitándolo a que saque su pija. Ruben lo hizo y sacó su pija que estaba dura como nunca. La roja cabeza le brillaba de excitación.

Elena no cabía en su cuerpo de la excitación y felicidad que sentía al ver nuevamente al miembro de su marido en ese estado de plenitud. Lo pajeó suavemente mientras su marido miraba como el médico le chupaba las tetas con una desesperación absoluta.

Mi amor, no sabía que te calentaba tanto verme así, le dijo ella. Yo creo que tampoco lo sabía, respondió Rubén.

Faltaba aun un paso más y fue ella la que se atrevió a darlo. ¿A ver, doctor? Muéstreme que tiene usted.

El doctor miró a Elena como pajeaba a su marido y se fue poniendo de pie para acercarse a ella con la carpa cerca de su cara. Ella lo miró a su marido como necesitando su aprobación.

Si doctor, saque su instrumental, dijo Rubén riendo ahora.

¿Quiere ayudarme? Le preguntó el médico a Elena

Claro que sí, dijo ella y comenzó a bajarle el pantalón al médico.

Había soltado la pija de su marido para ayudarse con ambas manos. Rubén se pajeaba mientras miraba la escena de su mujer manipulando el pantalón del joven galeno.

Cuando logró sacar la pija, se miraron marido y mujer. Bien, doctor, buen instrumental, dijo Elena.

Puede manipularlo sin miedo, dijo el doctor dándole permiso a Elena

La pija del médico estaba parada a centímetros de ella. Rubén también se acercó un poco más.

Doctor, debo felicitarlo, porque acaba de curar a mi marido. Sufría de disfunción eréctil y ahora se lo ve muy bien y muy duro.

El médico, sabiéndose totalmente excitado intervino con un insólito comentario que hizo reír a la pareja.

Bueno, creo que para estar segura usted debería comparar las durezas de ambos aparatos, para ver si están óptimas.

Ella miró a su marido. ¿Te parece que debo hacerlo?

Claro, mi amor. A ver, fíjate.

Elena agarró ahora la verga del médico. Era una verga de un tamaño muy similar al de su marido, un poco más larga y delgada, pero muy similares. Con la otra mano tomó la de su marido que se acercó más aún.

Hermosas las dos, dijo ella ahora completamente extasiada.

Era la primera vez que estaba con dos hombres al mismo tiempo, nunca se lo hubiese imaginado. Había tenido fantasías ¿quién no? Pero de ahí a llegar a concretarlas, se veía muy lejos.

Siguió pajeando a ambos hombres. Ella seguía sentada en la silla mientras los hombres de costado se dejaban masturbar por ella.

Rubén se agachó y besó a su mujer en la boca con un beso muy profundo, con mucha lengua. Estoy muy caliente, le dijo. Nunca estuve así. Yo tampoco, le dijo ella y sin dudar, sin dejar de pajear al médico, se metió la pija de su marido en la boca. Mmmmm, susurró el médico.

Elena sacó la pija de su marido de la boca, lo miró a los ojos, miró la pija del médico y volvió a mirar a su marido. Este asintió con la cabeza y ella supo lo que tenía que hacer. Era lo que más quería en ese momento, chuparle la pija a un desconocido y que su marido la viera. Y que se calentara viéndola.

No dudó y abriendo la boca se metió la pija del joven doctor en la boca y comenzó a chuparlo. Soltó la de su marido y usando las dos manos se aferró a sus caderas para chupar con más ganas. Al mismo tiempo, le iba bajando más los pantalones y acariciándole la cola lampiña y volviendo con sus manos a los huevos y la pija, siempre sin dejar de chuparlo. Lo miraba a los ojos al médico, luego a su marido que vibraba de excitación. Ahora salió del médico y volvió a chupar a su marido.

¿Como viene de tiempo, doctor? Le preguntó Rubén

Me puedo quedar un rato más, dijo el joven

 

Continuará…

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Todo empezó como un juego (20)

 



Todo empezó como un juego (20)


Ahora estábamos los tres completamente desnudos en nuestra cama matrimonial. Las miraba a Sol y a mi hermana y no podía creer que estuvieran desnudas en mi cama, pero lo que me resultaba mas increíble era que mi hermana me había chupado la pija luego de entregarse a que yo le chupara la concha.

Lo de mi hermana chupándole la concha a mi mujer terminó de colmar todas mis expectativas. Sol se levantó de un salto y dijo

-            Voy a buscar algo para tomar

-            Dale – dije yo

De repente, como si fuera un adolescente que está por dar su primer beso, me entraron unos nervios totales. Estaba en la cama con mi hermana desnuda a mi lado. Miraba el techo y mi corazón bombeaba con fuerza. Sentía que empezaba a entrar en un estado de desesperación y pánico. Por suerte, mi hermana, que me conocía muy bien me preguntó:

-            ¿Te pasa algo, Gon?

-            No te voy a mentir – le dije. Solo con esas cinco palabras comencé a relajarme un poco.

-            ¿Qué pasa?

-            Estoy nervioso – le confesé

-            Gonza, es normal que estes nervioso, lo que hicimos recién, aunque estuvo fantástico, escapa de cualquier lógica.

-            Gracias por entenderme – le dije ahora mirándola con ternura

-            Tratá de calmarte, yo también estaba un poco tensa, pero Sol es una genia que me hizo relajar como nadie sabe hacerlo

-            Sí, no es casual, que cuando ella se levantó de la cama, empecé a sentirme así.

-            Bueno, tranquilo – me dijo ella apoyándose en un codo y besándome en la mejilla

Fue un beso un poco mas largo de lo habitual y luego otro mas corto. Luego otro más, pero esta vez mas cerca de la boca.

Yo me dejaba hacer y los besos fueron llegando a mi boca. Primero cortos, luego mas largos, luego con los labios mas relajados y por último con nuestras lenguas jugando como desesperados.

Mi hermana realmente besaba muy bien. Se sentía hermosa su boca, suave, apenas carnosa, pero muy lubricada por su saliva. Era juguetona como siempre, pero esta vez eran juegos calientes que me llevaban a la desesperación. Sin dejar de besarme se separó un poco y me soltó:

-            Quiero seguir

-            Yo también – le dije

Ella se subió encima de mí mientras yo veía la sombra de Sol en la puerta. La miré y me hizo señas con la mano como que siguiera con lo mío.

Volví a mirar a mi hermana a los ojos, la noté mas hermosa que nunca. No pude evitar la tentación de mirar sus pechos, pequeños pero hermosos, coronados con un pezón oscuro y tieso. Me sonrió con amor, con amor filial, con amor de hermanos, un amor hermoso. Ahora lo comprobaba.

Pero lo que era amor, rápidamente pasó a ser deseo y Lucía se me tiró a besar con una desesperación que nunca le había visto. Mi pija se paró como si estuviese activada por un mecanismo de resortes.

Ahora mi hermana estaba encima de mí, con sus dos piernas a ambos lados de mi cuerpo y completamente desnuda. Es decir, que mi pija estaba a centímetros de su concha. Un pequeño descenso por parte de ella haría inevitable el contacto.

Para colmo de males, mi erección era tal que mi pija no descansaba apoyada en mi abdomen, sino que estaba enhiesta. Por suerte, mi hermana parecía estar tan caliente como yo y me lo hizo saber.

-            Quiero hacer todo con vos – me dijo

-            Yo también – volví a repetir como un autómata

-            Quiero sentirte adentro – me dijo y se dejó caer un poco

-            Siiiii

-            Ummmm, ya estas listo de vuelta! – dijo sorprendida cuando sintió la dureza de mi pija separando sus labios vaginales

-            Si, estoy muy caliente – me confesé

-            Yo también estoy muy caliente – me dijo y volvió a besarme

Ahora Lucía comenzó a moverse adelante y atrás sobre mi pija. Era evidente que le gustaba mucho sentirme tanto como yo a ella. Aunque no la estaba penetrando era tan placentera la sensación que no quería que nada cambie.

-            Ayyy me gusta mucho esto – me decía ella

-            A mí también

-            Sentir tu pija así, aghhhhh, estoy re caliente

-            Siiii, seguí así

-            Mmmmm que placer sentir tu pija – me dijo y volvió a besarme profundamente

Ahora puso su boca en mi oído:

-            ¿Sabes que me gusta mucho esto? Sabes que me encanta sentir tu pija en mi concha

Lucía se movía y me hablaba

-            Ayyyy que hermosa pija que tenes, Gonza…

-            Lu, a mí me encanta sentir tu concha en mi pija también.

Creo que si no hubiese sido porque había acabado hacía pocos minutos, no duraba ni un instante más. Por suerte el orgasmo se vislumbraba lejos y eso me animó a seguir el juego de palabras.

-            Vos también tenes una concha hermosa, toda depilada que me encanta

-            ¿Sí? ¿Te gusta mi concha?

-            Mucho

Ahora mi hermana había bajado más y se adelantó un poco. Cuando fue para atrás la punta de mi pija quedó en la entrada de su concha y se movió buscando que entre la cabeza al menos.

Era tal la lubricación que mi glande, entró con facilidad en la puerta de su aceitada concha.

-            Mmmmmm – gruñó ella

-            Aghhhhh

-            Ayyyy está entrando! – dijo ella

-            Siiiii

-            ¿Me vas a coger? – me preguntó de manera retórica

-            Claro que sí, te voy a coger

-            O yo te voy a coger a vos – me dijo ella y era verdad

Lucía se movió de una manera tan decidida que me sorprendió. Fue bajando lentamente y mi pija entró como un cuchillo caliente en una barra de manteca. Fue una de las mejores sensaciones de mi vida. Aún hoy lo recuerdo con claridad. Mi pija entrando en esa concha totalmente lubricada.

En ese momento, éramos solo nosotros dos en todo el mundo. El universo se esfumaba dejándonos a nosotros solos. Yo era todo de ella y ella era toda mía.

Nos besamos con pasión, amor, locura, desenfreno y ternura al mismo tiempo. Su lengua era suave, caliente y juguetona. La mía respondía de igual manera. Parecíamos hechos el uno para el otro.

Nuestros cuerpos se pegaban. Sus tetas a mi pecho. Su pelvis contra la mía buscando que la penetración sea bien profunda.

En un momento, luego de besarme, mi hermana me agarró del pelo y me miró a los ojos.

-            Dejame mirarte

-            ¿Para qué? – quise saber

-            Quiero verte bien la cara cuando me estas cogiendo

-            A mí me gusta mirarte cuando me coges – le dije

Entonces ella me respondió con una frase que retumbó en mi cabeza y hoy sigue sonando cada vez que la veo

-            Mirame bien y cada vez que me veas de ahora en mas te vas a acordar de mí cogiéndote.

-            Aghhhh siiii, me encanta mirarte cuando me coges

-            ¿Sí? ¿Te gusta que te coja? ¿Te gusta cogerte a tu hermana?

Ahora la cosa estaba tomando un camino muy perverso. Las preguntas iban creciendo en morbo y lo que mi hermana no sabía era que yo no tenía límites cuando se trataba fantasías y morbo.

-            Me encanta cogerme a mi hermana

-            ¿Sí?

-            Si, soy muy perverso y degenerado

-            Seguro que siempre te calenté – me decía ella

-            Siempre me calentaste, te miraba el culo y soñaba con cogerte – le decía yo totalmente excitado

-            Siiii? ¿Y te pajeabas imaginándote como estamos ahora?

-            Claro…siempre soñé con cogerte en la cama de mamá y papá – le solté

Si bien nunca fue una fantasía concreta, yo estaba tan caliente que empezaban a aparecer esas imágenes en mi cabeza.

-            Ayyy siiii, y ellos que no están y nosotros cogiendo en su cama – mi hermana parecía subirse a mi fantasía

-            Ughhh como te cogería en la cama de ellos, siiiii

-            Coger donde cogen nuestros papis – decía ella totalmente sacada.

-            Siiii que lindo es cogerte, hermanita – le solté

-            Siiii, dale, cogeme, hermano mayor

-            Siii? ¿Te gusta que te coja tu hermano mayor?

-            Si, soy muy degenerada, me gusta que me coja mi hermano

Ella se seguía moviendo y yo me iba acercando al orgasmo. Ella también y me lo hacía saber.

-            Ayyy que lindo que me coges, hermanito

-            ¿Te gusta cómo te coge tu hemano? Sos muy puta? – se me escapó esto último y temí que lo tomara mal, pero no fue así

-            Siiiii, soy tan puta y tan viciosa que voy a acabar con la pija de mi hermano adentro

-            Aghhhh Lu, que hermosa que sos

-            Seguí cogiéndome así que voy a acabar, seguí, dale

-            Ayyy nooo, voy a acabar yo también – le confesé

-            No me la saques ahora, por favor, seguí cogiéndome

-            Es que estoy a punto

-            Yo también – le advertí

-            No pares ahora, aghhh ahhhhh siiii aghhhhh – mi hermana estaba acabando

-            Ayyyyy voy a acabar, Lu – le dije

-            Seeee acabame adentro, no me importa, quiero sentirte

-            Aghhhhhh aaghhhhhhh

-            Mmmmmm - su boca me calló de un beso profundo

Me besó mientras gemía y acababa. Solo cuando se calmó apenas un poco, me dijo al oído:

-            Que hermoso que es coger con vos, no me importa que seas mi hermano. O no sé, quizás eso lo hace mas lindo.

Si me quedaba algo de leche, creo que terminé de largarla con ese comentario. Le respondí:

-            A mí no me importa que seas mi hermana, o si, pero lo que tengo claro es que amo cogerte y quiero cogerte toda

-            ¿Toda? – me preguntó

-            Toda, por todas partes, en todas partes – le dije

-            Queres cogerme el culo? – me dijo

-            Claro que sí, me muero por hacerte la cola

-            Y yo me muero de ganas de que me cojas por el culo…

Yo seguía acabando dentro de su concha y ella ahora me besaba y me preguntaba:

-            Sigo sintiendo tu pija que se mueve ¿seguís acabando?

-            Si me seguís diciendo esas cosas, creo que nunca voy a dejar de acabar

-            Mmmmm, que hermanito tan chanchito que tengo

-            ¿Viste? – fue Sol la que apareció detrás de ella con unos vasos en la mano.

-            ¡Sol! Nos olvidamos de vos – dijo mi hermana

-            Ya me di cuenta, los dejé porque sentí que necesitaban estar solos, aunque debo confesarles que un poquito los miré

-            ¿Y te gustó? – le preguntó mi hermana

-            Mucho, hasta me dio un poquito de celos esa especie de simbiosis.

-            Algo de eso hay, no te voy a mentir – dijo mi hermana y me besó en la boca

Mi hermana la miró a Sol que estaba con una remera mía y sonriente con ese pelo anaranjado y esas pecas hermosas.

-            ¿Ahora me podés ayudar a limpiar esto? – dijo Lucía y se levantó lentamente mientras chorreaba mi semen en toda mi pija aun bastante parada

-            ¡Claro que sí! – dijo Sol.

Yo pensé que Sol se iba a dedicar a mi pija, pero no, fue directo a su concha y la lamió lentamente.

-            Ayyyy veo que mi cuñadita es muy limpia – decía entre risas mi hermana

-            Mmmmm – yo la besé a mi hermana en la boca

-            Mmmmm – Sol le chupaba ahora la concha con amor

-            No, esperá Sol – le ordenó mi hermana

-            ¿Qué pasa?

-            Vos todavía no acabaste, limpiémosle la pija a tu hermano y después quiero chuparte la concha de nuevo, pero esta vez, más tiempo.

Mi hermana estaba totalmente desconocida. Y eso me encantaba.

 

Sigue acá y termina Todo empezó como un juego (21) FINAL

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